Reconciliación
Llevaba un mes sin ti, sin tener tu cuerpo ni tus besos. Nuestra ruptura fue por causas injustificadas. Pero aun así, conservaba en mi recuerdo el aroma de tu piel junto a la mía.
Mi vida había cambiado y sé que la tuya también, pero era un riesgo que los dos decidimos correr.
Una tarde una amiga llamó y dijo que habría una fiesta en su restaurante, para celebrar sus veinte y algo. Yo acepte encantada, un poco de diversión no me haría mal. Pero luego de colgar recordé que mi amiga también era amiga tuya. Durante toda la semana que faltaba para la fiesta dudé en ir, pero cuando estuve segura, mi mente comenzó a preocuparse por cosas tan superficiales como la ropa. Iré vestida como nunca me has visto, pensé en mis adentros y así fue. Me compré un vestido muy sexy, escote pronunciado, muy corto y casi sin espalda, y me prometí a mi misma que esa noche ibas a ser mío de nuevo.
Al llegar a la fiesta no te vi, me desilusioné un poco, pensé que iba a seguir tu rutina de puntualidad, pero cuando volteé te vi entrar. Estabas tan guapo como siempre, alto, tu pelo ordenadamente desordenado, una polera que se amoldaba a tu torso de estatua griega y que delineaba completamente los músculos de tus brazos, y esos pantalones que aunque son los más anchos que tienes no pueden ocultar tus grandes atributos. De pronto posas tu vista en mí y te percatas que llevo mucho tiempo mirándote, yo corro la vista, pero sé que aún me observas, te siento acercarte y mi piel tiembla de nerviosismo, luego siento tu voz tan inconfundible en mi oreja y lanzas un sensual “hola”, yo volteo para mirarte más de cerca y respondo con una leve sonrisa, después sigue observándome y al fin dices; “sabía que vendrías, pero nunca pensé encontrarme con esta grata sorpresa, te ves increíble”, yo solo emití un “gracias”, me estaba haciendo la desinteresada. Ti lo notaste y con un “permiso” te alejaste a saludar a los demás.
Luego de una hora comenzó la música para bailar, un chico con el que había estado conversando me sacó a la pista y baile con él. Sabía que me observabas así que comencé a moverme sensualmente para invitarte a bailar, no tardaste mucho, tomaste mi mano y me sacaste del lado de ese chico para llevarme a uno un poco más apartado. Yo seguí moviéndome sensualmente y sabia que te gustaba, lo note por la dureza bajo tu pantalón. De pronto una canción lenta, me tomaste con tus grandes brazos y me apegaste a ti. Comenzaste a hablarme al oído, me dices que me amas, que esa noche me harás tuya de nuevo y bajas a mi cuello para besarlo y morderlo. Yo comencé a mojarme, adoraba que hicieras eso. Tan bien nos conocíamos que los dos comenzamos hacer cosas para excitarnos mutuamente. De pronto te aleje de mí, sabia que ardías por dentro, te tomé la mano y te dije “sácame de aquí”. Me sacaste del restaurante y me guiaste hasta tu auto, condujiste a mas de 100km/hr por toda la ciudad hasta llegar a tu departamento. Tomamos el ascensor y comenzaste nuevamente a mordisquear mi cuello y tus manos recorrian mi cuerpo como buscando algo perdido, llegamos al piso donde vivias y abriste la puerta de tu departamento. Tarde un poco en entrar; lo notaste, estaba dudando, me miraste sonreíste y me cogiste la mano... al pasar el umbral de la puerta me arrinconaste contra la muralla.Te detuve nuevamente “quiero algo de beber”, te alejaste ofuscado no entendías para que tanta demora para algo que los dos deseábamos.Me serviste pisco y te sentaste a mi lado, tomé un sorbo y te bese, nuca el pisco fue más dulce. Así comencé un juego. Luego te saque la polera y vertí pisco en tu cuerpo, lentamente comencé a usarte como vaso, te gustaba nuevamente lo que hacía. Pero ya no aguantabas más, me tomaste y tomaste el control.Partiste besándome el cuello, sabes que eso me pone a mil, bajaste por mi escote y por mi espalda buscabas el cierre...lo bajaste lentamente y así lentamente fue como te deshiciste de mi vestido y zapatos. Quede solo en tanga. Me observaste, pero ahora era mi turno, y te saque lo que te quedaba de ropa, me llevaste a tu cama y me recostaste en ella. Comenzaste a tocarme nuevamente mientras me besabas, cuando llegaste a mi clítoris tuve mi primer orgasmo. Pero no te era suficiente, querías más. Luego me penetraste con tus dedos y tu lengua jugaba con mi clítoris, gemía de placer, nunca tuve un orgasmo tan intenso y sonoro. Por un momento temiste que los vecinos escuchara, luego no te importo.Ahora era tu turno y comenzaste a penetrarme lentamente, mientras que con tus manos acariciabas mis pechos, cambiaste de posición, yo arriba. Y cabalgue, primero lento y de pronto aumente el ritmo, más rápido y más rápido ...tu orgasmo. Una leche salió de tu interior y deje de cabalgar para tomarla, chupe como si fuera una mamadera y luego lamí como si fuera un helado... tuviste tu segundo orgasmo. Me recosté a tu lado, nos besamos y dormimos.
A la mañana siguiente me desperté temprano y fui a bañarme, cuando estaba en eso llegaste tu. Sentí tus manos recorriendo mi espalda, mis pechos, tus palabras al oído y los besos en mi cuello que tanto me gustaban, sentí tu pene despertándose cerca de mi trasero. Decidí no voltearme, amaba que me hicieras disfrutar y tu también lo disfrutabas.Tus manos recorrieron mi vagina que ya estaba mojada, dos de tus dedos me penetraron, me sostuve en la muralla, quería más. De pronto uno de tus dedos comenzó a entrar en mi ano, luego dos, y luego no eran tus dedos, era tu pene que poco a poco se abría camino. Pero eso no fue toso, también tus manos recorrieron mi vagina y mi clítoris.Jadeaba, gemía, gritaba de placer y tu te excitabas viéndome. Pero ya venía mi orgasmo y el tuyo. No lo quería de esa forma, te empuje hacia atrás tome tu pene y lo introduje en mi vagina. Luego te bes y tuvimos un orgasmo compartido... terminamos de bañarnos y mientras me secaba te oí decir “te amo” y junto con eso un “no quiero alejarme más de ti, ¿casémonos?” , volteé para mirarte, te abrace y te besé y de mis labios salió “acepto”. Desde ahí supe que lo mejor de una pelea es la reconciliación...el mejor sexo y las mejores declaraciones
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