Nunca es tarde para regresar
Como todos los primeros era cumple mes, pero lamentablemente este era distinto. Ni los cariños, ni los regalos, ni sorpresas, ni horas de hacer el amor.
Dos días atrás nuestra relación tuvo su primer gran quiebre, llevábamos dos años de pareja, y seis meses desde que decidimos vivir juntos. Nunca nada afectó tanto el nosotros como lo que pasó el jueves.
Sabía que la culpa era mía, pro más mal me sentía por tus palabras y por dejarme sola e irte de nuestro departamento. Quedarme en la casa de mi ex y sin previo aviso, caló hondo en tu confianza hacía mí. En el fondo sabías que entre el y yo no pasaba nada, pero no dudaste un segundo en insinuar y gritar todo lo que pudo pasar, los un y mil sinónimos que tenía lo que “había” hecho, como se le llamaba a ese tipo de mujeres; para luego tomar tus cosas y marcharte en tu moto sin destino aparente. No escuchaste ni una sola palabra de lo que te dije, ni siquiera te detuviste cuando, en un ultimo intento para conseguir tu atención, te grite: “Te amo”.
Y eran las 11:30pm del primero de diciembre, yo dormía en el sillón. La TV estaba prendida y tú regresaste a casa. Te acercaste hasta donde estaba yo y me acariciaste la cabeza, cundo desperté te sentaste en el suelo y esperaste que dijera algo. Nada Salió de mi boca, pensaste un largo momento y dijiste:
-Te eche de menos-, te observe y luego dije – me tenías preocupada-
Lo lamento, no debí irme- tu voz se acelero- ni tampoco…
Entonces tape tu boca con mis manos- disculpa, sé que debí avisarte. De verdad no se volverá a repetir.
Tomaste mi cara y la atrajiste a la tuya, nos fundimos en un beso de disculpas y aceptaciones. Mis manos te acercaron a mí para que te recostaras a mi lado, era delicioso volver a sentir tu calor luego de varios días sin tenerte. Luego de besarnos por largo rato, nos quedamos mirando, como preguntándonos en silencio si podíamos proseguir en aquello. Asta que decido acercarme para besarte y fin de la conversación.
Tomaste mis caderas y me apretaste contra ti, subiste tu mano lentamente, pasando por mi espalda y terminando en mis senos. Los apretaste suavemente y los masajeaste, jugaste con mi pezón por debajo de mis sostenes. Para luego bajar a mi trasero, te gustaba juguetear allí, lo acariciaste, apretaste, masajease y bajaste hasta mi pierna y la tomaste para ponerla sobre la tuya. Me acomode para sentir como tu miembro se despertaba, por lo cual decidí subirme sobre ti. Saqué tu polera y bese tu torso, subí a tu cuello para encontrar tu boca y con las manos sacar lo que quedaba de ropa, jugué con tu miembro mientras tu me sacabas mi ropa, luego te detuviste a observarme, me acariciaste y te levantaste para llevarme a nuestro cuarto.
Me recostaste sobre la cama y lentamente recorriste el pequeño tramo que hay entre mis caderas y mi templo del placer. Con del camino despejado llegaste a el y lo acariciaste, un leve calor eléctrico recorrió mi cuerpo, una sensación de tormentosa paz.
Me puse sobre ti y comenzaste a penetrarme lentamente, un calor recorrió mi cuerpo junto con una locura de felicidad. Lentamente tomaste un ritmo suave, suave y una emboscada; luego de sentir aquel golpe de placer te mire con cara de pocos amigos:
- No te gustó? – sonreíste maliciosamente.
- Eso no se vale…Tramposo.
Y decidí que era mi turno, me erguí y comencé a montarte, se que te gusta…rápido, rápido, rápido y luego me detengo y mi templo del placer presiona tu miembro.
- Ay! Mi amor…Que rico!!!! – Con esa cara de placer que me vuelve loca.
Elevo el ritmo nuevamente y tus ojos se cierran, tu cabeza se echa hacia atrás, tu boca toma la forma de una O, presionas los ojos. Adoro verte así, sentir que estas extasiado eleva todas mis pasiones, enciende la lujuria, podría hacerte el amor una y otra ves sólo para verte así.
-Bueno amor, le toca a usted – y sin previo aviso me pusiste bajo tu cuerpo. Aceleraste el ritmo y no te detuviste en no sé cuanto tiempo. Yo me retorcía de placer, no paraba de gemir, tocabas algo que me hacia delirar. Jalabas mi pelo y apretabas mi espalda. Luego te detuviste y comenzaste lentamente a penetrarme, sentir cada centímetro de tu miembro entrando en mí, para después llegar hasta un movimiento casi salvaje. Me tenías al límite y por tu cara te costaba mantenerte sin tener uno.
Te mire e inmediatamente supiste que quería acabar junto a ti. Te erguiste hacia atrás y me ayudaste a levantarme, comenzamos a movernos frenéticamente y poco a poco comencé a entrar en un orgasmo. Me volví a recostar mientras tu seguías moviéndote y hasta que caíste sobre mi. Los dos estamos teniendo un gran orgasmo, yo me retorcía de placer mientras tu dabas pequeños saltos.
Lentamente volvimos a la realidad, poco a poco como si el tiempo no pasara. Te levantaste y me observaste para luego besar mi frente.
- Discúlpame - dijiste mientras acariciabas mi cabeza.
- Amor, te disculpe en el instante que regresaste a nuestra casa.
AlouquA