...Algo más que un instante...

Porque las palabras se las lleva el viento...He decidido escribir para ser eterna...

lunes, 24 de agosto de 2009

Relato Nº 13

Alexandro & Yo

Era la mujer del Rey Leonidas, reina de un gran imperio. Acompañante de sus aventuras y enfermera de sus heridas, pero la herida que aquella lanza ocasiono en su corazón no pudo ser curada. Me trajeron su cuerpo una gris mañana de otoño y junto con el cuerpo de mi rey venia el conquistador.
Baje mi mirada, sabia que desde ese momento era prisionera, la mujer del rey muerto es el premio más deseado. Cuando dijiste mi nombre tu voz vibró con una pasión profunda y tormentosa. Ofreciste mi vida a cambio de todos los que estaban a mi cuidado y servicio, mas los soldados que quedaron en pie y por ultimo aseguraste la vida de mis hijos y prometiste mi bienestar con una única condición; debía permanecer a tu lado. Mis opciones solo se reducían a las que tu me dabas, y para ser sincera morir en las manos de tus soldados no era lo que deseaba y mirándote con cierto dejo de rebeldía…acepte.

Aquella mirada encendió todo tipo de pasiones en ti y en mí. Tus ojos brillaron como dos estrellas y tu boca sonrió con tierna ironía. Volteaste y ordenaste desarmar el campamento, desde ahora era tu prisionera.
Me tomaron bruscamente y me subieron a un caballo atado al tuyo, muchas veces había oído hablar de ti, tu nombre era sinónimo de conquistador, eras callado y noble, respetabas a tu enemigo y cargabas grandes batallas sobre tus hombros…todo eso y más, significaba ALEXANDRO.

Al llegar a tu palacio me llevaron a una habitación, me bañaron, me cambiaron las ropas y me dijeron que vendrías a verme después de la cena. Cuando entraste a mi habitación me miraste fijamente y al responder a tu mirada sentí un estremecimiento, era como si viera a un ser irreal, no podía resistirme a la fuerza de tu mirada. Eras un tormento para mis ojos.
Te acercaste hasta que sentí en mi rostro la caricia de tu respiración y te detuviste solo cuando la punta de mis senos rozaron tu pecho. - Serás mía.- susurraste en mi oído y me abrazaste con una fuerza irresistible y yo no fui capaz de rechazarte.
Rozaste tus dedos en mi cuerpo, sabias que seria la única oportunidad que tendrías, antes de volver a la batalla, de tocar y disfrutar de aquel tesoro. Sentí que aquel delicado contacto comenzó a encenderte, vi en tus ojos cierto temor y sentí un extraño desasosiego, algo distinto al temor maternal o la angustia de ser prisionera. Sentí relámpagos de una extraña y prohibida pasión contenida y reprimida. Y mi voluntad aunque fuera fuerte se estaba rompiendo.

Y por primera vez besaste mis labios y respondí aquel beso, tus dedos siguieron el camino trazado hacia el placer. Deje que mis montes y planadas fueran exploradas por ti, el conquistador. Bajaste a besarme los pechos, mi vientre y mis muslos. Comencé a dejarme llevar y me subí sobre ti, me adapte a tu cuerpo y energía. Me doble sobre ti, moviendo mis caderas a un ritmo extenuante. Comenzaste a susurrar cosas y tu voz tenia un timbre turbio y sensual que inundo toda la habitación. Me aferre a tu cuerpo mientras el placer nos inundaba por completo.
Te observe mientras dormías, tu cuerpo cincelado estaba marcado de cicatrices y la última marcaba el muslo con un largo relieve rojizo. Pude darme cuenta que aun dormido emanabas una energía formidable, indómita y temeraria. Tus ojos me miraron y estirando tu mano acariciaste mi mejilla. – Debo irme- dijiste. Te levantaste y te acompañe a la puerta, cruzamos miradas y me voltee caminando hacia la cama, pero tomaste mi hombro y me giraste hacia ti. Besaste mis labios como si fuera la última vez. – No me olvides- susurraste. Y saliste por esa puerta, a pesar de ser tu prisionera aquella noche me trataste como si fuera tu única mujer.

AlouquA